¿Alguna vez has decidido cambiar un hábito pensando que sería fácil?
No estás solo. ¿Cuántos de nosotros hemos dedicado energía, creado expectativas, hecho planes y fijado metas, solo para que el cambio se haya quedado en el camino?
Un curso de idiomas que nunca terminamos, una membresía de gimnasio pagada pero nunca usada. Un nuevo hábito que no se integró a la rutina y fue abandonado. En este caso, es fácil decir que faltó disciplina o fuerza de voluntad.
Pero ¿es realmente tan simple?
Quizás no se trate de falta de motivación. Quizás lo que falta es conciliar nuestras expectativas con la realidad del proceso de cambio. Los estudios sobre motivación muestran que comenzar un comportamiento y mantenerlo a lo largo del tiempo son desafíos muy diferentes1.
Los cambios no son rápidos
Vivimos en un mundo de avances tecnológicos y transformaciones cada vez más aceleradas.
Los resultados rápidos se valoran y se celebran. Por lo tanto, cuando decidimos cambiar, esperamos que sea casi instantáneo. Y cuando eso no sucede, es como una ducha fría.
Lo que nos empeñamos en olvidar es que la mayoría de los cambios ocurren de forma gradual. Ya sea aprender una nueva habilidad o buscar una vida más saludable, todo lleva tiempo. Y al principio, incluso puede parecer que no pasa nada.
Es precisamente la dificultad para lidiar con procesos lentos lo que hace que muchas personas abandonen sus objetivos antes de que puedan siquiera percibir los resultados2.
No estamos preparados para afrontar la frustración, aunque sea inevitable
Cuando empiezas a aprender algo nuevo, ¿cuántas veces el proceso fue lineal? ¿Cuántas veces pierde el equilibrio un niño y se cae de la bicicleta antes de aprender a pedalear en línea recta?
En ese momento, la frustración ante los obstáculos es inevitable. Y a menudo aparece la sensación de insuficiencia. Es entonces cuando muchos se rinden, porque los fracasos, los obstáculos y las dificultades no formaban parte del plan. Aunque, en la práctica, la vida humana está llena de altibajos.
Según la psicóloga estadounidense Carol Dweck, las personas tienden a perseverar más cuando comprenden las dificultades y los errores como parte natural del aprendizaje, y no como evidencia de incapacidad3.
Al cerebro le gustan las recompensas inmediatas
Al cerebro humano le gusta lo familiar y lo común. Por lo tanto, esto representa un obstáculo. Además, responde mejor a los beneficios inmediatos que a los de largo plazo.
Imagina que empiezas a comer de forma más equilibrada, buscando una vida más saludable. Pero los resultados no aparecen en las primeras 24 horas, ni en los primeros días. De hecho, suelen tardar semanas e incluso meses.
Y cuando te rindes, el alivio es inmediato.
No hay nada malo contigo; así es como funciona el cerebro. Los estudios sobre la gratificación postergada muestran que tendemos a valorar más los beneficios disponibles ahora que las recompensas futuras, incluso cuando estas últimas son mayores4.
Esto influye directamente en el mantenimiento de comportamientos que generarán recompensas en el futuro.
La influencia del agotamiento emocional
A menudo nos sentimos abrumados, exhaustos, bajo presión constante y emocionalmente agotados. ¿Sabes cuando incluso una tarea sencilla parece una misión imposible?
En esta situación, rendirse no es falta de interés. Mantener el cambio exige mucho de los recursos psicológicos, que ya están agotados durante los períodos de sobrecarga y agotamiento. Y cuanto más insistas, más culpable te sentirás al fracasar.
Las investigaciones sobre la autorregulación sugieren que el esfuerzo continuo por controlar los comportamientos y las emociones puede volverse más difícil durante los períodos de estrés y agotamiento psicológico5.
En ciertos momentos, es más beneficioso hacer una pausa en lugar de insistir en algo que terminará generando más frustración y agotamiento innecesarios.
La disciplina no siempre es lo que imaginamos
Conoces a alguien a quien consideras muy disciplinado. Por alguna razón, esta persona parece no fallar nunca, no tropezar nunca, siempre mantiene el ritmo y el entusiasmo.
Bueno, esa persona solo existe en tu cabeza. Porque aunque una persona esté muy motivada, eso no significa que tenga más disciplina.
Quizás sea mejor para tropezar y seguir adelante, en lugar de abandonar todo lo que ha construido hasta ese momento. O quizás sea mejor para retomar el trabajo cuando una pausa se vuelve inevitable. Y eso es lo que la distingue.
La persistencia no está necesariamente ligada a la ausencia de fracasos, sino a la capacidad de retomar la actividad después de interrupciones2.
Conclusión
Como se mencionó al principio del texto, es muy fácil atribuir nuestros proyectos incompletos a la falta de compromiso.
La realidad es que múltiples factores interfieren en el proceso: expectativas poco realistas, la búsqueda de recompensas inmediatas y cambios instantáneos, y el agotamiento emocional.
Cuando el proceso se complica, es importante recordar que es difícil estar siempre motivado y que rara vez todo se logra de forma lineal, necesitamos ser más pacientes. Y, sobre todo, comprender que uno puede caer, pero hay que levantarse, porque es mejor ser imperfecto que no hacer nada.
1 – RYAN, Richard M.; DECI, Edward L. Self-determination theory and the facilitation of intrinsic motivation, social development, and well-being. American Psychologist, v. 55, n. 1, p. 68-78, 2000.
2 – DUCKWORTH, Angela L. et al. Grit: Perseverance and passion for long-term goals. Journal of Personality and Social Psychology, v. 92, n. 6, p. 1087-1101, 2007.
3 – DWECK, Carol S. Mindset: The New Psychology of Success. New York: Random House, 2006.
4 – MISCHEL, Walter; SHODA, Yuichi; RODRIGUEZ, Monica L. Delay of gratification in children. Science, v. 244, n. 4907, p. 933-938, 1989.
5 – BAUMEISTER, Roy F.; VOHS, Kathleen D.; TICE, Dianne M. The strength model of self-control. Current Directions in Psychological Science, v. 16, n. 6, p. 351-355, 2007.
