¿Has notado que a finales y principios de año, uno de los temas más comunes en redes sociales, en conversaciones con amigos e incluso con familiares, es la motivación? Tiene sentido, después de todo, es en esta época del año cuando intentamos establecer metas y objetivos, ya sea en nuestra vida personal o profesional.
Sin embargo, es común que muchos vean la motivación como una fuerza interna que necesita ser activada, como un superpoder que los superhéroes de Marvel o DC activan para derrotar a un villano y salvar el día. Pero cuando la activación falla, terminamos culpándonos.
Pero ten en cuenta que la falta de motivación no es señal de pereza ni de falta de interés. De hecho, puede indicar agotamiento, sobrecarga emocional o incluso que te has puesto expectativas poco realistas y la presión se ha vuelto agotadora. No somos robots, así que esperar que rindamos constantemente al 100% es poco realista.
La motivación no es una virtud moral.
La psicología indica que la motivación, contrariamente a lo que muchos afirman, no es un rasgo de personalidad ni una virtud moral. Según la Teoría de la Autodeterminación de los investigadores estadounidenses Edward L. Deci y Richard M. Ryan, la motivación se basa en tres pilares: las necesidades psicológicas básicas: competencia, autonomía y pertenencia1.
Cuando se satisfacen estas tres necesidades, es posible mantener la motivación. Por el contrario, si por alguna razón estas necesidades se ven comprometidas, incluso con fuerza de voluntad, la motivación disminuye1.
Por lo tanto, la motivación no es una "fuerza interior", algo que surge del interior; se construye bajo la influencia del entorno, las emociones y el contexto en el que se desenvuelve el individuo.
La dopamina tampoco es motivación
El neurotransmisor dopamina, a menudo asociado con la motivación, forma parte del sistema de recompensa del cerebro. Sin embargo, esto no garantiza la constancia y la disciplina a largo plazo.
La dopamina está más involucrada en la anticipación de la recompensa: ¿conoces ese entusiasmo que surge antes de comenzar un nuevo proyecto? El neurotransmisor actúa ahí, y no tanto en la sensación de satisfacción, disciplina o esfuerzo para perseverar en ese proyecto2.
Y con el tiempo, este entusiasmo desaparece y el cerebro responde mejor a la previsibilidad y la repetición.
La falta de motivación puede ser en realidad agotamiento
Cuando experimentamos largos periodos de estrés, nuestro cuerpo acaba pagando las consecuencias. Ciertas funciones, como la atención y la autorregulación emocional, se ven afectadas. Y la motivación parece desaparecer. Esto se debe a que esta situación genera una sobrecarga que acaba provocando lo que se denomina fatiga crónica.
Actualmente, es más común oír hablar del síndrome de burnout, un síndrome derivado del desgaste profesional y el agotamiento emocional. Este síndrome reduce nuestra capacidad para realizar tareas, especialmente aquellas que requieren un esfuerzo continuo3.
Si el burnout es real, ¿por qué seguimos insistiendo en que el agotamiento y la falta de motivación son un fracaso y nos culpamos por no poder continuar?
La motivación como instrumento de culpa
Seguro que has oído a alguien decir, o incluso te lo has dicho a ti mismo: "Querer es poder". Sería muy sencillo resumir la motivación en esas tres simples palabras. Pero esta breve frase se usa para generar culpa y señalar un defecto de carácter cuando aparece la desmotivación.
Y a menudo, no son los demás quienes nos culpan; la autocrítica excesiva lo hace, y tiene el efecto contrario. No motiva, sino que aumenta la desmotivación4.
Esta narrativa no tiene en cuenta que, como seres humanos, la motivación siempre está influenciada por las emociones, la salud (mental y física), nuestras relaciones y nuestra posición social.
Entonces, ¿qué tal si empezamos a evaluar y a preguntarnos cómo mantener la motivación, en lugar de preguntarnos dónde está?
Los pequeños cambios pueden tener un impacto real. ¿Conoces esa meta un tanto exagerada, incluso irreal? ¿Quién no se la ha propuesto, verdad? Es hora de hacerla más real y tangible. Además de crear una rutina más sencilla, aprender a establecer y respetar tus propios límites y buscar apoyo siempre que sea necesario, ya sea de amigos, familiares o un profesional.
Te darás cuenta de que la motivación no es el punto de partida; es una consecuencia. Surgirá tras establecer un plan de acción y tras la repetición. Por ejemplo, la motivación para empezar una nueva actividad física aparecerá cuando empieces a notar cómo esa actividad ayuda a tu cuerpo y mente a funcionar mejor, lo que se traduce en un mayor bienestar general.
¿Qué tal si dejas de lado la autocrítica excesiva, dejas de culparte y te tratas con más humanidad para comprender la falta de motivación? Y quizá acabes dándote cuenta de que no era falta de voluntad, sino que te exigías demasiado constantemente.
1 – DECI, Edward L.; RYAN, Richard M. The “what” and “why” of goal pursuits: Human needs and the self-determination of behavior. Psychological Inquiry, London, v. 11, n. 4, p. 227–268, 2000.
2 – BERRIDGE, Kent C.; ROBINSON, Terry E. Liking, wanting, and the incentive-sensitization theory of addiction. American Psychologist, Washington, v. 71, n. 8, p. 670–679, 2016.
3 – MASLACH, Christina; LEITER, Michael P. Burnout. Stress: Concepts, Cognition, Emotion, and Behavior. London: Academic Press, 2016.
4 – BAUMEISTER, Roy F. et al. Self-regulation and ego depletion. In: Handbook of self-regulation: Research, theory, and applications. New York: Guilford Press, 2007.
