En los últimos años, el tema de la salud mental ha cobrado protagonismo en conversaciones, redes sociales y diversas plataformas de comunicación e información. Se habla mucho del autocuidado, de crear hábitos saludables y de cómo afrontar la ansiedad y la depresión; temas que, hace tan solo unos años, se mantenían en silencio y la terapia se consideraba algo reservado a unos pocos.
Sin embargo, con el aumento de este debate, también ha surgido una expectativa implícita: que al cuidar nuestra salud mental viviríamos en constante equilibrio, tranquilidad y felicidad. Pero la realidad es diferente. El cuidado no elimina el malestar, y ese no es su objetivo.
El sufrimiento forma parte de la experiencia humana
Contrariamente a lo que muchos creen, el miedo, la tristeza, la frustración e incluso la inseguridad no son necesariamente señales de que algo ande mal. Según Viktor Frankl, la solución no es evitar el sufrimiento, sobre todo porque es una parte inevitable de la experiencia humana. Lo fundamental es encontrarle sentido a lo que sentimos, incluido el dolor¹.
En esta misma línea, Irvin Yalom señala que la ansiedad, el aislamiento, la libertad y la finitud misma —elementos que pueden generar sufrimiento— son condiciones fundamentales de la existencia humana. En nuestra vida cotidiana, experimentamos acontecimientos marcados por el cambio y la incertidumbre, y tratar de evitarlos puede, paradójicamente, hacernos aún más vulnerables a ellos².
El sufrimiento no se produce necesariamente porque haya algo malo en la mente, sino porque, a menudo, es una señal de que estamos procesando y registrando experiencias significativas.
El cuidado es diferente de la anestesia emocional
Cuando hablamos de cuidar la mente, nos referimos a la búsqueda de recursos que favorezcan la comprensión de lo que sentimos y el desarrollo de formas más saludables de afrontar el malestar. En ningún caso cuidar significa eliminar las emociones, silenciar lo que sentimos o adormecer la experiencia emocional.
Todo lo contrario. El psicólogo estadounidense Steven C. Hayes, creador de la Terapia de Aceptación y Compromiso, señala que el intento de eliminar las emociones difíciles tiende a aumentar el sufrimiento³.
Basándose en el modelo de flexibilidad psicológica, propone que podemos estar presentes y abiertos a nuestras emociones y pensamientos, y aun así actuar de acuerdo con nuestros valores. De esta forma, no evitamos el sufrimiento, sino que ampliamos nuestra capacidad para afrontarlo3,4.
Por ejemplo, decidir cambiar de trabajo puede generar miedo, inseguridad e incertidumbre. Sin embargo, esto no tiene por qué impedir la decisión, ya que estos pensamientos no son verdades absolutas, sino respuestas de la mente a una nueva experiencia.
Além disso, de acordo com James J. Gross, referência nos estudos sobre regulación emocional, a supressão emocional está associada a consequências negativas tanto psicológicas quanto fisiológicas. Em contrapartida, é possível desenvolver formas mais saudáveis de regulação por meio de mudanças no cotidiano — como a prática de atividades físicas, uma alimentação equilibrada, o mindfulness e a psicoterapia⁵.
El peligro de la positividad tóxica
Una de las consecuencias de este debate ampliado sobre la salud mental es la aparición de la llamada positividad tóxica. Esto se refiere a la idea de que debemos mantener una actitud positiva en todo momento, independientemente de las circunstancias, rechazando las emociones consideradas negativas6,7.
Esta exigencia de optimismo constante puede tener un alto costo. Al invalidar emociones como la tristeza, el miedo o la ira, se favorece la represión emocional y, en muchos casos, se intensifica el sufrimiento. Además, puede llevar a las personas a sentirse inadecuadas por no poder cumplir con esta expectativa de felicidad permanente6,7.
Aprender a relacionarse con el malestar
Por lo tanto, cuidar la mente no significa eliminar el sufrimiento, sino ampliar nuestra capacidad de relacionarnos con él.
No livro How Emotions Are Made, a psicóloga e neurocientista Lisa Feldman Barrett argumenta que as emociones são construções que emergem da interação entre cérebro, corpo, contexto, aprendizado e cultura. Ou seja, não são apenas reações automáticas nem respostas universais⁸.
Por lo tanto, cuidar la mente implica comprender las emociones y el contexto en el que surgen, para poder darles significado y, en algunos casos, transformarlas en un impulso para el cambio.
El miedo al cambio, por ejemplo, no tiene por qué ser solo un obstáculo; también puede indicar algo importante y servir como punto de partida para el crecimiento.
En definitiva, cuidar la mente significa reconocer que sentir es parte de la vida y que, a menudo, es precisamente al enfrentarnos a lo que nos incomoda cuando surgen nuevas posibilidades de comprensión y transformación.
1 – FRANKL, Viktor E. Em busca de sentido: um psicólogo no campo de concentração. 45. ed. Petrópolis: Vozes, 2008.
2 – YALOM, Irvin D. Existential psychotherapy. New York: Basic Books, 1980.
3 – HAYES, Steven C. Get out of your mind and into your life: the new acceptance and commitment therapy. Oakland: New Harbinger Publications, 2005.
4 – VALIN, Tassiane. Flexibilidade Psicológica e seu papel na saúde mental. PUC Paraná, 2026. Disponível em https://posdigital.pucpr.br/blog/flexibilidade-psicologica. Acesso em: 16 mar 2026.
5 – GROSS, James J. (org.). Handbook of emotion regulation. 2. ed. New York: Guilford Press, 2014.
6 – JORDANO, Andressa. Entendendo a “positividade tóxica” e seus efeitos. Inova Social, 2024. Disponível em https://inovasocial.com.br/inova/positividade-toxica. Acesso em: 16 mar 2026.
7 – KERCHER, Sofia. A tirania da positividade. Você S/A, 2024. Disponible en https://vocesa.abril.com.br/desenvolvimento-pessoal/a-tirania-da-positividade/. Acesso em: 16 mar 2026.
8 – BARRETT, Lisa Feldman. How emotions are made: the secret life of the brain. Boston: Houghton Mifflin Harcourt, 2017.
