¿Sabes cuando le envías un mensaje a un amigo y no te responde de inmediato? De repente, te encuentras repasando las últimas interacciones para evaluar si dijiste o hiciste algo que pudiera haber causado un malentendido, y que hubiera dado lugar a ese silencio.
Un silencio que genera incomodidad, porque estamos acostumbrados a las respuestas y palabras inmediatas, no a su ausencia.
Para muchos, el silencio significa ausencia, distancia. Pero, según Freud, no decir nada también forma parte de la comunicación. Señala que la ausencia de palabras no es vacía, sino una expresión del inconsciente. Así, el silencio sería una forma de manifestación psíquica1.
El silencio como lenguaje
En este mismo sentido, Jacques Lacan propone que el silencio integra el lenguaje del inconsciente, ya que representa una interrupción, un intervalo, una carencia: elementos fundamentales del lenguaje mismo2,3.
Por lo tanto, el silencio puede entenderse como la expresión de aquello que no se puede decir fácilmente, ya sea porque ciertas experiencias aún no se han simbolizado o porque son difíciles de traducir a palabras. En estos casos, el silencio actúa como un límite, no como un fracaso2,3.
El silencio según la psicología
Según la psicología contemporánea, el silencio tiene múltiples significados. Puede representar resistencia, un tiempo necesario para la elaboración, una emoción aún no procesada o algo que, en ese momento, simplemente no se puede decir.
El psiquiatra y psicoterapeuta estadounidense Irvin Yalom afirma, en Los desafíos de la terapia, que el silencio forma parte del proceso terapéutico y puede ser revelador y productivo. También subraya la importancia de respetar el silencio, evitando apresurar los procesos con intervenciones precipitadas⁴.
Esto refuerza la idea de que el silencio no está vacío y que, a menudo, no todo se puede decir.
¿Por qué el silencio resulta inquietante?
Vivimos en la era de la inmediatez: todo es para ayer, incluida la comunicación. Por lo tanto, cuando faltan las palabras, surge la incomodidad.
El silencio no explica, no confirma; es decir, no organiza el significado.
Y, sin significado, nos quedamos ante la incertidumbre. Y la incertidumbre es difícil porque nos deja sin referencias. De ahí surge la angustia del silencio⁵.
En las relaciones cotidianas, el silencio suele interpretarse como indiferencia, rechazo, desinterés o incluso, como en el ejemplo inicial, como un posible conflicto sin resolver. No porque estas interpretaciones sean necesariamente ciertas, sino porque sentimos la necesidad de atribuirle significado.
La socióloga y psicóloga clínica estadounidense Sherry Turkle describe que, con el avance de las redes sociales, nos acostumbramos cada vez más a controlar cómo y cuándo nos comunicamos. El silencio rompe esta lógica y, ante ello, tendemos a buscar explicaciones para justificar esta ausencia⁶.
Conclusión
Pero, ¿es necesario decirlo todo, o decirlo inmediatamente?
No logramos reconocer que el silencio también comunica. Puede indicar un límite, un exceso, una distancia, pero también puede ser una forma de cuidado.
Aún nos cuesta percibir que el silencio a menudo dice más de nosotros, como oyentes, que de la otra persona. Y nos empeñamos en llenar ese vacío con nuestros propios significados, porque, de hecho, soportar la ignorancia es muy difícil.
Aquí va una reflexión: ¿qué has estado escuchando en el silencio de los demás?
1 – FREUD, Sigmund. Recordar, repetir e elaborar (1914). In: ______. Obras completas. São Paulo: Companhia das Letras, 2010.
2 – LACAN, Jacques. O seminário, livro 11: os quatro conceitos fundamentais da psicanálise. Rio de Janeiro: Zahar, 2008.
3 – LACAN, Jacques. Escritos. Rio de Janeiro: Zahar, 1998.
4 – YALOM, Irvin D. Os desafios da terapia: reflexões para pacientes e terapeutas. Rio de Janeiro: Ediouro, 2006.
5 – HEIDEGGER, Martin. Ser e tempo. Tradução de Fausto Castilho. Campinas: Editora da Unicamp; Petrópolis: Vozes, 2012.
6 – TURKLE, Sherry. Reclaiming conversation: the power of talk in a digital age. New York: Penguin Press, 2015.
