¿Te conoces a ti mismo... o solo te explicas?

Actualmente, se habla mucho de expresarse y hablar de uno mismo. Se nos anima a explicar lo que sentimos e incluso a identificar "traumas" del pasado. 

Pero, con tanta explicación, ¿realmente te conoces a ti mismo? 

La realidad es que explicarse puede generar una falsa sensación de comprensión, lo cual no implica necesariamente una comprensión real de uno mismo.

¿Qué es la autoexplicación?

Cuando te explicas, creas narrativas sobre ti mismo. Es como si buscáramos dar coherencia a lo que hacemos y sentimos: "Ah, soy así porque...". 

La autoexplicación es una forma rápida —y a menudo cómoda— de encontrar las causas de nuestras acciones1.

Sin embargo, el peligro reside en que estas narrativas tienden a simplificar. Reducen la complejidad de quiénes somos y, sin darnos cuenta, también pueden funcionar como una forma de control. 

En su libro La Mente de los Justos, el psicólogo social estadounidense Jonathan Haidt compara la mente con un abogado: no se preocupa por investigar los hechos, sino por justificarlos. Así, a menudo, terminamos simplemente etiquetando comportamientos, sin comprenderlos2.

¿Qué es el autoconocimiento?

Contrariamente a lo que muchos piensan, el autoconocimiento no es algo lineal, no es un ciclo cerrado con principio, desarrollo y final, ni existe una fórmula preestablecida.

El autoconocimiento implica contradicción y ambigüedad. Va mucho más allá de la introspección. La introspección, por sí sola, no siempre genera comprensión.

Una de las razones es que parte de lo que somos reside en nuestro inconsciente. Freud, al desarrollar este concepto, señala que, dado que parte del funcionamiento psíquico no es consciente, a menudo tenemos dificultades para comprender por qué hacemos lo que hacemos3.

El psicoanalista Jacques Lacan propone que nuestro sentido de identidad se constituye a partir de la mirada del otro. El "yo" no nace aislado. En otras palabras, nuestra identidad también se construye en las relaciones4.

Por lo tanto, el autoconocimiento no se trata solo de encontrar respuestas, sino de mantener las preguntas.

El riesgo de confundir explicación con conocimiento

Cuando la explicación reemplaza el proceso de conocimiento, se pierde algo importante. 

¿Conoces frases como "Soy así por mi infancia" o "Soy así porque tengo ansiedad, y eso es todo"? 

Estas frases ilustran esto: explicar sin comprender. Es cuando el lenguaje psicológico comienza a funcionar como un mecanismo de defensa. 

Estas afirmaciones pueden incluso contener algo de verdad, pero terminan dando por concluido el tema sin un proceso de elaboración real. Generan la falsa sensación de algo ya resuelto, cuando, en realidad, nada se ha comprendido verdaderamente.

Uno de los pilares de la teoría psicoanalítica de Wilfred Bion reside en la importancia de tolerar la incertidumbre. Para él, la capacidad de tolerar la incertidumbre es fundamental para que la experiencia se transforme en conocimiento5.

¿Por qué resulta tentador explicar?

Primero, porque explicar brinda alivio. Cuando nos sentimos confundidos o perturbados por algo, encontrar una respuesta —aunque sea incompleta— ayuda a organizar el caos interno y a reducir la ansiedad. 

Además, vivimos en un mundo donde se valoran mucho las respuestas rápidas y las definiciones claras6. En este contexto, comprender «por qué somos como somos» parece casi una necesidad. 

Ahí radica la fuerza de la explicación: porque es más rápida. Y, a menudo, parece suficiente.

Lo cual favorece el verdadero autoconocimiento

Sin embargo, como se mencionó anteriormente, el autoconocimiento va más allá de encontrar respuestas, y, sobre todo, más allá de respuestas que parecen suficientes, como si fueran un punto de llegada.

El autoconocimiento consiste en mantener las preguntas. En perseverar y mantener el contacto con lo que aún se desconoce, con lo que aún no está claro.

Se trata de observar patrones a lo largo del tiempo, en lugar de basarse en momentos aislados. Se trata de diferenciar la reflexión de la rumiación. Se trata de reconocer cómo las relaciones influyen en lo que sentimos y cómo actuamos. Y también de aceptar que no todas las contradicciones necesitan resolverse de inmediato. 

Conocerse a uno mismo es estar abierto a la experiencia: vivir sentimientos, pensamientos y estímulos con menos necesidad de control y menos prisa por llegar a una conclusión7.

En conclusión

Entonces, ¿te conoces a ti mismo... o simplemente te explicas? 

Explicarse no es un problema, ni un defecto. Pero puede ser limitante cuando se convierte en el punto final.

Puedes empezar por explicarte.

Pero el proceso no termina ahí.

1 – KAHNEMAN, Daniel. Rápido e devagar: duas formas de pensar. Rio de Janeiro: Objetiva, 2012.

2 – HAIDT, Jonathan. A mente moralista: por que pessoas boas são segregadas por política e religião. São Paulo: Três Estrelas, 2012.

3 – FREUD, Sigmund. A interpretação dos sonhos. São Paulo: Companhia das Letras, 2019.

4 – LACAN, Jacques. Escritos. Rio de Janeiro: Zahar, 1998.

5 – BION, Wilfred R. Aprender com a experiência. Rio de Janeiro: Imago, 1991.

6 – HAN, Byung-Chul. Sociedade do cansaço. Petrópolis: Vozes, 2015.

7 – ROGERS, Carl R. Tornar-se pessoa. São Paulo: Martins Fontes, 2009.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *