¿Te has dado cuenta de que hablamos tanto de autoconocimiento, de gestionar nuestras emociones, que parece que cada emoción que experimentamos durante el día necesita ser explicada, comprendida, como si cada experiencia emocional exigiera una explicación clara? Casi como si no poder comprender lo que sientes fuera, en sí mismo, un problema.
Pero ¿y si no todo lo que sientes necesita ser comprendido?
Explicar se ha convertido casi en una obligación
¿Quién no se ha topado con una publicación en redes sociales o algún texto en internet que promete ayudarte a explicar lo que sientes?
En la cultura actual, nombrar las emociones y los sentimientos a menudo se ha convertido en sinónimo de resolverlos.
Pero ¿por qué insistimos tanto en resolverlos? Porque ofrece una sensación —aunque parcial— de control. Porque responde a la necesidad de claridad constante en el mundo en que vivimos1.
El riesgo reside en caer en un autoanálisis excesivo, sin que necesariamente conduzca a un proceso real.
Explicar no es elaborar
Cuando dices "Estoy triste", nombras lo que sientes. Cuando dices "Estoy triste por tal razón…", explicas.
Explicar organiza, pero no necesariamente elabora.
El proceso de elaboración es más profundo y no siempre consciente. A menudo, lo que realmente transforma no pasa completamente por la conciencia2.
En este sentido, el lenguaje mismo tiene sus límites3. No todo lo que sentimos cabe en palabras, y lo que cabe en palabras no siempre captura lo que se siente.
Hay un límite
Con toda esta presión por comprender todas las emociones, ¿qué sucede cuando simplemente no entiendes lo que sientes?
Algunas de las experiencias emocionales que vivimos no llegan organizadas. Pueden ser confusas, contradictorias y, a menudo, difíciles de nombrar. Y, al insistir en encontrar una razón, podemos terminar aún más confundidos.
¿Sabes cuando alguien te hace una pregunta, pero no entiendes exactamente lo que quiere saber porque la pregunta no está bien formulada? Forzar la comprensión de una emoción puede ser muy similar. En última instancia, ¿cómo se puede responder a algo sin saber realmente cuál es la pregunta?
Es importante considerar que no todo lo que sentimos se ha procesado hasta el punto de estar listo para ser explicado. Parte de este proceso ocurre fuera de nuestra conciencia, como ya señaló Sigmund Freud al introducir la noción del inconsciente2.
La comprensión puede convertirse en una trampa
¿Conoces uno de los mayores riesgos de vivir intentando comprender y explicar todo lo que sientes? Perder la posibilidad de vivir la experiencia en sí misma.
El enfoque deja de estar en lo que se experimenta y se convierte en la necesidad de comprenderlo de inmediato.
Este ciclo —sentir, intentar comprender, fracasar e insistir— puede ser difícil de romper y bastante frustrante. Cuanto más se fuerza una respuesta, mayor tiende a ser la angustia cuando no llega.
En algunos casos, este movimiento se asemeja a lo que, en psicología, se llama rumiación: un proceso en el que la mente da vueltas en torno al mismo punto sin llegar a elaborarlo.
Al final, lo que queda es la sensación de que algo anda mal. Pero a menudo no se trata de un error, sino simplemente de algo que aún no se ha concretado.
Cuidado con la inmediatez
Últimamente, con el uso intensivo de las redes sociales, se ha popularizado la idea de "vivir el presente y publicar después". Con las emociones, quizás debamos aplicar un enfoque similar: primero experimentar, luego —si es necesario— comprender.
No todas las emociones requieren un significado inmediato. Algunas simplemente necesitan espacio.
Esto también se debe a que el tiempo es un elemento importante en el proceso de elaboración. Darle tiempo a lo que sentimos permite que ciertas experiencias adquieran forma gradualmente, aunque sea de forma incompleta.
Y eso no es un problema.
Además, lo que sentimos a menudo empieza a tener más sentido en las relaciones. ¿Quién no ha notado una incomodidad interna que solo se aclaró después de una conversación?
Ya sea en un diálogo con alguien de confianza o en un proceso terapéutico, escuchar permite que la experiencia emocional se organice de una manera diferente.
En el psicoanálisis, se entiende que no todo puede procesarse de forma aislada. El otro, la conexión y la escucha forman parte de este proceso, algo que también resuena con la idea de Jacques Lacan de que la experiencia humana está profundamente marcada por el lenguaje y la relación con el otro3.
Conclusión
En última instancia, el problema quizás no radique en querer comprender lo que sentimos, sino en convertir ese deseo en una exigencia constante.
No todo lo que sientes necesita ser comprendido, y mucho menos de inmediato.
Hay experiencias que deben vivirse antes de poder explicarse. Otras, simplemente, requieren que permanezcas con ellas durante un tiempo.
Quizás la tan anhelada madurez emocional no reside en comprender todo lo que sentimos, sino en aprender gradualmente a aceptar aquello que no tiene sentido.
1 – GROSS, James J. Emotion regulation: current status and future prospects. Psychological Inquiry, v. 26, n. 1, p. 1–26, 2015.
2 – FREUD, Sigmund. O ego e o id. Rio de Janeiro: Imago, 1996.
3 – LACAN, Jacques. O seminário, livro 11: os quatro conceitos fundamentais da psicanálise. Rio de Janeiro: Zahar, 2008.
