¿Qué sucede en el cuerpo cuando sentimos vergüenza?

Probablemente hayas cometido algún error, algo que te haya avergonzado. Por ejemplo, se te cayó la botella de agua mientras el profesor explicaba algo y reinaba el silencio, o dijiste algo inapropiado y de repente todas las miradas se posaron en ti. 

Y, con la cara roja, tu único deseo fue desaparecer en ese instante. Tu cuerpo delató exactamente lo que sentías. Quizás te hayas preguntado: ¿por qué la vergüenza no es solo un pensamiento que ocurre en el cerebro?

La respuesta es que nuestras emociones no solo ocurren dentro del cerebro: implican una respuesta integrada entre el cerebro, el sistema nervioso y el cuerpo.

¿Qué es la vergüenza?

¿Recuerdas aquel día en que estabas en una reunión importante y sonó tu celular? Intentaste apagarlo rápidamente mientras te disculpabas, pero terminaste golpeando la taza con la mano y derramando café sobre tu compañero de al lado. Y no supiste dónde mirar durante el resto de la reunión, sintiéndote incapaz e incómodo. La vergüenza surge porque sentimos que estamos siendo evaluados negativamente1.

Debido a que difiere de emociones como el miedo o la ira, que surgen ante una amenaza o un conflicto, y está relacionada con nuestra percepción de nosotros mismos a los ojos de los demás, la vergüenza se considera una emoción social1.

Aunque, en el escenario anterior, nadie haya expresado ningún juicio sobre ti, terminamos imaginando lo que la otra persona debe estar pensando y, por lo tanto, sentimos vergüenza.

La mirada de los demás

Siguiendo con el escenario del incidente en la reunión: la vergüenza surgió porque el cerebro imaginó que tus compañeros y otros empleados de la empresa te estaban juzgando. Esto creó una percepción negativa de cómo te veían, incluso cuando nadie dijo nada ni expresó ninguna reacción negativa1,2.

En otras palabras, somos capaces de sentir vergüenza incluso cuando no tenemos indicios de que otra persona nos esté juzgando. Esta percepción puede generar respuestas emocionales y fisiológicas. Así, en cuanto sentiste vergüenza, te sonrojaste y el corazón te latía con fuerza1,2.

Pero, ¿cómo es posible?

¿Qué sucede en el cuerpo cuando sentimos vergüenza?

Cuando sentimos vergüenza, el cerebro comprende que la experiencia social es importante y desencadena una serie de respuestas en el cuerpo. Este proceso involucra al sistema nervioso autónomo, que provoca cambios como aumento del ritmo cardíaco, tensión muscular, sensación de calor y sudoración1,2.

Cabe destacar que estas respuestas ocurren sin control consciente. El cuerpo humano responde a la situación automáticamente y antes de que tengamos tiempo de interrumpir estas manifestaciones1.

Quizás pienses que no experimentas todas estas reacciones, pero que hay una que siempre aparece y que incluso te gustaría controlar: el enrojecimiento facial.

¿Por qué nos sonrojamos?

El enrojecimiento facial es una de las manifestaciones de vergüenza que más curiosidad despierta. Lo que sucede es que el sistema nervioso autónomo también provoca la dilatación de los vasos sanguíneos cercanos a la superficie de la piel, lo que aumenta el flujo sanguíneo en la zona. Debido a la alta vascularización de la piel del rostro, este aumento del flujo sanguíneo puede provocar rubor y una sensación de calor en la piel3,4. 

Aunque no queramos sonrojarnos, esta es otra respuesta automática sobre la que no tenemos control. Por mucho que intentemos actuar como si nada hubiera pasado, nuestro cuerpo puede seguir reaccionando3,4.

Y hay algo que puede empeorar aún más la situación: en algunas personas, cuanto más notan el rubor facial, más intenso se vuelve. Es como si sintiéramos aún más vergüenza por mostrar físicamente nuestra vergüenza5.

¿Por qué queremos desaparecer cuando sentimos vergüenza?

Volviendo al ejemplo del incidente durante la reunión: quizás, cuando derramaste café sobre tu compañero, evitaste la mirada de los demás y tal vez sentiste ganas de desaparecer. Este deseo de distanciarse de la situación también puede formar parte de la respuesta a la vergüenza.

Esta respuesta se relaciona con la naturaleza social de la emoción: cuando nos damos cuenta de que podemos ser vistos negativamente por los demás, es natural querer distanciarnos de esa situación o reducir la exposición6.

Conclusión

La vergüenza es otra emoción que demuestra que el cuerpo también participa en lo que sentimos. Muestra que las emociones no son solo experiencias que ocurren en la mente: pensamientos, cerebro, percepción social, sistema nervioso y cuerpo están involucrados y participan simultáneamente.

Por eso, la vergüenza no es solo un pensamiento que ocurre en el cerebro. Incluso antes de que podamos actuar, el cuerpo ya ha entrado en modo de respuesta.

 

1 – DICKERSON, Sally S.; GRUENEWALD, Tara L.; KEMENY, Margaret E. When the social self is threatened: shame, physiology, and health. Journal of Personality, v. 72, n. 6, p. 1191-1216, 2004. DOI: 10.1111/j.1467-6494.2004.00295.x.

2 – GRUENEWALD, Tara L.; KEMENY, Margaret E.; AZIZ, Najib; FAHEY, John L. Acute threat to the social self: shame, social self-esteem, and cortisol activity. Psychosomatic Medicine, v. 66, n. 6, p. 915-924, 2004. DOI: 10.1097/01.psy.0000143639.61693.ef. 

3 – DRUMMOND, Peter D.; LANCE, John W. Facial flushing and sweating mediated by the sympathetic nervous system. Brain, v. 110, n. 3, p. 793-803, 1987. DOI: 10.1093/brain/110.3.793. 

4 – DRUMMOND, Peter D. The effect of adrenergic blockade on blushing and facial flushing. Psychophysiology, v. 34, n. 2, p. 163-168, 1997. DOI: 10.1111/j.1469-8986.1997.tb02127.x. 5 – DRUMMOND, Peter D.; MIRCO, Nadia. Staring at one side of the face increases blood flow on that side of the face. Psychophysiology, v. 41, n. 2, p. 281-287, 2004. DOI: 10.1111/j.1469-8986.2004.00151.x.

6 – DE HOOGE, Ilona E.; BREUGELMANS, Seger M.; WAGEMANS, Fieke M. A.; ZEELENBERG, Marcel. The social side of shame: approach versus withdrawal. Cognition and Emotion, v. 32, n. 1, p. 1-10, 2018. DOI: 10.1080/02699931.2017.1422696.

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