¿Alguna vez has observado a tus amigos, compañeros de trabajo e incluso familiares y te has dado cuenta de que están en diferentes etapas de la vida? ¿Te ha hecho sentir mal eso?
¿De repente, tu hermano menor se casa mientras tú aún no has llegado a ese punto? ¿O tu mejor amiga anunció su embarazo y, aunque te alegras por ella, sentiste que te estabas quedando atrás?
Que sepas que no estás solo. Muchos de nosotros vivimos comparándonos con los demás.
Comparación social
Es común usar la vida de los demás para evaluar la nuestra. El psicólogo estadounidense Leon Festinger propuso en su artículo "Una teoría de los procesos de comparación social" que tendemos a evaluar nuestras opiniones y habilidades comparándonos con otras personas, especialmente cuando carecemos de criterios objetivos para esta evaluación1.
En otras palabras, cuando no podemos evaluar nuestro desempeño en una prueba basándonos en criterios claros, por ejemplo, podemos usar las calificaciones de nuestros compañeros como referencia. Sin embargo, esta comparación no siempre tiene en cuenta las diferencias en las circunstancias de cada persona.
La línea de tiempo invisible de la vida
¿Quién te dijo que debías tener toda tu vida resuelta a los 30? ¿Que debías tener una carrera exitosa, una casa, un coche, una pareja e hijos antes de los 40? ¿O quién estableció la regla de que, a los 18 años, un joven adulto debía saber qué carrera seguir para el resto de su vida?
En resumen, ¿quién estableció el reloj social que todos parecemos intentar seguir? En el estudio *Cultura y el reloj social: Diferencias culturales en el momento óptimo de la vida*, los investigadores Lu Zang y Heejung Kim argumentan que el reloj social está definido por expectativas culturalmente establecidas2.
Como sociedad, construimos expectativas sobre comportamientos y eventos considerados apropiados en diferentes etapas de la vida. Podemos interiorizar estas expectativas y comenzar a tratarlas como metas personales, incluso cuando no se corresponden con nuestros deseos o las circunstancias en las que vivimos.
¿Por qué siempre parece que la hierba es más verde al otro lado?
Imagina que un amigo te cuenta que ha comprado la casa de sus sueños. Tú también acabas de comprarte un coche. No es nuevo, pero es tuyo. Aunque es un gran logro, sientes que pierde valor comparado con la compra de tu amigo.
En 2023, los investigadores Eric Vanman y Stephanie Tobin publicaron un metaanálisis sobre la comparación en redes sociales, con el objetivo de investigar el efecto de la comparación ascendente, es decir, compararnos con personas que percibimos en una mejor posición que nosotros3.
Los resultados indicaron que la exposición a personas que percibimos en una mejor situación puede afectar negativamente nuestra autoevaluación y nuestras emociones. Sin embargo, esto no significa que toda comparación produzca efectos negativos: dependiendo del contexto y de cómo interpretemos la diferencia, también puede servir de inspiración3.
Al fin y al cabo, ¿qué significa quedarse atrás?
Cuando usamos el éxito de los demás como criterio para evaluar el nuestro, creamos la sensación de que necesitamos alcanzar algo que otros ya han logrado. Pero este sentimiento no siempre se corresponde con lo que realmente deseamos.
De repente, ese ascenso que consiguió tu amigo no es un puesto que te gustaría ocupar. El cargo exige responsabilidades y habilidades que no te interesan. Así que, el hecho de que lo hayan ascendido no significa que tengas que sentir que te estás quedando atrás.
El embarazo de tu mejor amiga es una noticia maravillosa. Tú también sueñas con tener hijos, pero quizás este no sea el momento adecuado para ti y tu esposo. Quieren pasar más tiempo juntos, consolidarse profesional y personalmente, y explorar nuevos lugares antes de asumir las responsabilidades de cuidar a un bebé. Es posible alegrarse por tu amiga y, al mismo tiempo, reconocer que están viviendo momentos diferentes en sus vidas.
La clave no es dejar de reconocer los logros de quienes nos rodean, ni ignorar las diferencias en oportunidades y circunstancias. La clave está en comprender que el camino de otra persona no es, en sí mismo, una medida de nuestro propio progreso.
Entre amigos, es posible tener objetivos similares e inspirarse mutuamente en sus experiencias. Sin embargo, podemos estar en etapas diferentes y tomar decisiones distintas.
La próxima vez que sientas que te estás quedando atrás, quizás valga la pena preguntarte: ¿en relación con qué? ¿Con quién? Aunque esta pregunta no elimine todas nuestras dudas, puede ayudarnos a distinguir lo que realmente queremos de lo que creemos que deberíamos querer.
1 – FESTINGER, Leon. A theory of social comparison processes. Human Relations, v. 7, n. 2, p. 117–140, 1954. DOI: https://doi.org/10.1177/001872675400700202.
2 – ZANG, Lu; KIM, Heejung. Culture and the social clock: cultural differences in the optimal timing of life. Personality and Social Psychology Bulletin, v. 52, n. 10, p. 3144–3163, 2026. DOI: https://doi.org/10.1177/01461672251362514.
3 – MCCOMB, Carly A.; VANMAN, Eric J.; TOBIN, Stephanie J. A meta-analysis of the effects of social media exposure to upward comparison targets on self-evaluations and emotions. Media Psychology, v. 26, n. 5, p. 612–635, 2023. DOI: https://doi.org/10.1080/15213269.2023.2180647.
