¿Cuántas veces te has sentido sin energía para hacer nada? ¿Cuántas veces has pensado: "¡Qué perezoso soy!"? ¿O has sentido que no te interesaba nada?
Pero, ¿te has parado a pensar que estas características no definen quién eres?
El agotamiento físico suele ser más fácil de identificar. El agotamiento emocional, en cambio, generalmente se instala gradualmente, casi silenciosamente, hasta que parece formar parte de tu rutina. Y sin que te des cuenta, lo que era solo una respuesta temporal al estrés empieza a parecer parte de tu personalidad.
¿Qué es el agotamiento emocional?
El agotamiento emocional puede surgir cuando las exigencias emocionales se vuelven persistentes y superan la capacidad de recuperación del cuerpo.
¿Sabes cuando llega esa época del año en la que el trabajo exige más atención y aún más horas, mientras que tus hijos necesitan cuidados adicionales y tu rutina te lleva al límite? Poco a poco, te das cuenta de que vives en un estado de alerta constante: preocupado, estresado y tratando de manejarlo todo a la vez. Es entonces cuando puede aparecer el agotamiento emocional.
Según la psicóloga estadounidense Christina Maslach, una de las principales expertas en el síndrome de burnout, el agotamiento emocional se caracteriza por:
- una sensación persistente de agotamiento emocional1;
- no sentirse recuperado tras periodos de descanso1;
- una menor capacidad para afrontar los retos diarios1;
- una sensación de agotamiento emocional1.
La psicóloga también destaca que el agotamiento emocional es uno de los principales componentes del síndrome de burnout psicológico1.
Cuando el ser se convierte en ser
La Psicología explica que nuestras emociones, comportamientos y pensamientos están influenciados por nuestra historia de vida, el contexto en el que nos desenvolvemos y nuestras condiciones de vida.
Sin embargo, cuando experimentamos un estado durante mucho tiempo, empezamos a interpretarlo como un rasgo de personalidad. Y este error es muy común: confundir estado emocional con identidad. Por ejemplo, una persona deprimida puede parecer desinteresada en la vida. Una persona agotada puede ser etiquetada como antisocial.
Cuanto más tiempo permanecemos en un estado emocional determinado, mayor es la tendencia a creer que describe quiénes somos, y no solo lo que estamos experimentando.
Indicadores de sobrecarga emocional
Irritabilidad: ¿Alguna vez has sentido que todo te molesta? Esto puede ser una señal de sobrecarga emocional. Los problemas que serían pequeños parecen enormes, lidiar con las frustraciones se vuelve más difícil y terminas exagerando tu reacción ante los conflictos.
Según investigaciones en neurociencia, el estrés crónico reduce nuestra capacidad para regular las emociones y aumenta la reactividad emocional. Por lo tanto, aunque es fácil pensar que la persona se ha vuelto más irritable, en realidad puede estar bajo una tensión continua2,3.
Apatía: otro signo común de sobrecarga es la apatía, esa falta de interés en cualquier cosa, ya sea el trabajo, los pasatiempos o incluso las conversaciones. Pero lo que parece pereza es en realidad un intento del cuerpo por preservar sus recursos físicos y emocionales.
Después de largos períodos de estrés o exigencia emocional, el cuerpo se organiza para conservar energía. Por lo tanto, la falta de entusiasmo, el desinterés por actividades que antes resultaban placenteras, es en realidad agotamiento emocional4.
Dificultad para conectar con los demás: cuando la energía emocional se agota, resulta difícil conectar con la gente, precisamente porque esto requiere energía emocional. Esto provoca que la persona sea percibida como fría y distante.
Pero esto no significa que haya dejado de gustarle la gente. Simplemente significa que, en ese momento, su energía emocional está reducida4.
Falta de energía: ¿sabes cuando duermes toda la noche y te despiertas agotado? ¿Te falta energía para cualquier actividad? Esto no es pereza ni falta de fuerza de voluntad.
El agotamiento emocional y el estrés prolongado pueden comprometer temporalmente las funciones ejecutivas como la atención, la planificación, la memoria de trabajo, la toma de decisiones y el control inhibitorio. Esto ayuda a explicar por qué las tareas sencillas requieren mucho más esfuerzo de lo habitual, incluso cuando se desea realizarlas 5,6.
La normalización del agotamiento
Actualmente, la cultura valora la productividad por encima de todo. Es necesario ser productivo, estar siempre disponible; se nos exige cada vez más y se espera que siempre rindamos al máximo.
Por lo tanto, en estas situaciones, frases como «oh, pero es normal estar cansado», «todo el mundo está cansado», «no pasa nada, descansaré después» son más frecuentes, pero enmascaran el sufrimiento emocional.
Y no podemos normalizar esto. Porque es en este punto donde lo que es un problema se define erróneamente como un rasgo de personalidad.
Desde la publicación de la CIE-11 en 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha clasificado el agotamiento como un fenómeno laboral relacionado con el estrés crónico en el trabajo que no se gestionó con éxito se define por tres características: una sensación de agotamiento o estrés, mayor distanciamiento mental del trabajo y menor eficacia profesional7.
Conclusión
La personalidad se define por patrones relativamente equilibrados de pensamiento, sentimiento y acción. También depende del contexto. Cuando nos exponemos a situaciones que provocan agotamiento emocional, nuestros patrones de pensamiento, sentimiento y acción cambian temporalmente.
Por lo tanto, antes de definir la pereza, la frialdad o la distancia como parte de tu personalidad, detente y reflexiona: "¿Siempre he sido así?" "¿O ha ocurrido algo que me hace actuar de esta manera?" Puede ser necesario alertar y reevaluar la situación.
1 – MASLACH, Christina; LEITER, Michael P. Burnout: A brief update on research and practice. World Psychiatry, v. 15, n. 2, p. 103–111, 2016.
2 – McEWEN, Bruce S. Physiology and neurobiology of stress and adaptation: Central role of the brain. Physiological Reviews, v. 87, n. 3, p. 873–904, 2007.
3 – SAPOLSKY, Robert M. Why Zebras Don’t Get Ulcers. 3. ed. New York: Henry Holt and Company, 2004.
4 – McEWEN, Bruce S.; GIANAROS, Peter J. Stress- and allostasis-induced brain plasticity. Annual Review of Medicine, v. 62, p. 431–445, 2011.
5 – DIAMOND, Adele. Executive Functions. Annual Review of Psychology, v. 64, p. 135–168, 2013.
6 – ARNSTEN, Amy F. T. Stress signalling pathways that impair prefrontal cortex structure and function. Nature Reviews Neuroscience, v. 10, p. 410–422, 2009.
7 – WORLD HEALTH ORGANIZATION. World Health Organization. Burn-out an occupational phenomenon: International Classification of Diseases (ICD-11). Geneva: WHO, 2019.
