Que tire la primera piedra quien esté libre de pecado: ¿Quién no se ha visto involucrado en una situación intentando ayudar, pero ha terminado perjudicando a alguien y sintiéndose culpable? Pasaste días dándole vueltas a esa situación, sintiéndote molesto y frustrado. Y quizás te hayas preguntado: ¿por qué el cerebro provoca esta sensación de malestar?
Aunque quisiéramos eliminar o no experimentar emociones desagradables, como la culpa, estas también pueden cumplir funciones importantes.1.
¿Qué es la culpa?
Si bien la culpa suele aparecer junto con la vergüenza, son dos emociones distintas. Mientras que la vergüenza se relaciona con la autopercepción, la culpa se relaciona con el comportamiento, con la percepción de haber cometido un error o causado algún tipo de daño1,2.
La función evolutiva de la culpa
A lo largo de la evolución humana, la cooperación desempeñó un papel central en las relaciones sociales. La vida en grupo implicaba depender de los demás para la supervivencia, la protección, el cuidado y la obtención de recursos. Pero, como puedes imaginar, vivir en grupo también exige lidiar con conflictos y las consecuencias de las propias acciones.
En este contexto, para mantener una buena relación con los demás, es fundamental reconocer cuándo una actitud perjudica a la otra persona. Es precisamente cuando reconocemos que nuestro comportamiento ha afectado negativamente a alguien que puede surgir la culpa. Y este malestar es lo que nos lleva a disculparnos y reparar la relación3.
Por lo tanto, la culpa no surge simplemente para hacernos sufrir. También puede funcionar como un mecanismo que ayuda a regular comportamientos importantes para la vida en sociedad4.
Culpa, reparación y relaciones sociales
¿Cuántas veces has dicho algo sin pensar y has herido a un amigo, sintiéndote culpable? Y, al día siguiente, hiciste todo lo posible por disculparte, con la intención de reparar esa importante relación.
¿Cuántas veces has dicho algo sin pensar y has herido a un amigo, sintiéndote culpable? Y, al día siguiente, hiciste todo lo posible por disculparte, con la intención de reparar esa importante relación.
De esta forma, podemos entender la culpa como una emoción con función prosocial, ya que nos ayuda a centrarnos en las consecuencias de nuestros actos y puede servir de motivación para corregirlos. Diversos estudios muestran una asociación entre la culpa y el comportamiento prosocial, si bien esta relación no es automática y puede variar según la situación5,6.
Pero cabe destacar que la culpa no modifica automáticamente el comportamiento. Este cambio dependerá de cómo experimentemos esta emoción y del contexto en el que surja6.
¿Cuándo deja de ser funcional la culpa?
Aunque es importante, cuando la culpa se vuelve desproporcionada a lo sucedido, puede dejar de ser útil.
Imaginemos que una persona, incluso después de disculparse y reparar la relación, sigue culpándose. En esta situación, la culpa genera sufrimiento que no produce reparación ni orienta a la persona hacia el cambio.
Por lo tanto, la forma en que se experimenta la culpa también es fundamental. Porque cuando nos dejamos atrapar por ella, esta emoción pierde su función de ayudarnos a reconocer responsabilidades que pueden generar cambios1,2.
Conclusión
Por incómoda que sea la culpa, no existe únicamente para hacernos sufrir. Como se mencionó anteriormente, a lo largo de la evolución, la capacidad de reconocer cuándo ciertas acciones podrían dañar a otros pudo haber sido importante para la cooperación y el mantenimiento de los lazos sociales.
La culpa nos lleva a reflexionar sobre nuestras acciones, reconocer cuando hemos fallado a los demás y buscar reparar nuestras relaciones. Sin embargo, puede perder su función cuando, incluso después de disculparnos, seguimos sintiéndonos culpables.
Así pues, quizás la clave no sea eliminar la culpa, sino comprender lo que nos está mostrando. Después de todo, la culpa nos ayuda a reconocer errores, aprender de ellos y construir mejores relaciones.
1 – TANGNEY, June Price; STUEWIG, Jeff; MASHEK, Debra J. Moral emotions and moral behavior. Annual Review of Psychology, v. 58, p. 345–372, 2007. DOI: 10.1146/annurev.psych.56.091103.070145.
2 – MICELI, Maria; CASTELFRANCHI, Cristiano. Reconsidering the differences between shame and guilt. Europe’s Journal of Psychology, v. 14, n. 3, p. 710–733, 2018. DOI: 10.5964/ejop.v14i3.1564.
3 – BAUMEISTER, Roy F.; STILLWELL, Arlene M.; HEATHERTON, Todd F. Guilt: an interpersonal approach. Psychological Bulletin, v. 115, n. 2, p. 243–267, 1994. DOI: 10.1037/0033-2909.115.2.243.
4 – ROSENSTOCK, S.; O’CONNOR, C. When it’s good to feel bad: an evolutionary model of guilt and apology. Frontiers in Robotics and AI, v. 5, art. 9, 2018. DOI: 10.3389/frobt.2018.00009.
5 – VAISH, Amrisha. The prosocial functions of early social emotions: the case of guilt. Current Opinion in Psychology, v. 20, p. 25–29, 2018. DOI: 10.1016/j.copsyc.2017.08.008.
6 – TANG, Ming; LI, Weiqiang; LIU, Fuhui; YUAN, Bo. The association between guilt and prosocial behavior: a systematic review and meta-analysis. Advances in Psychological Science, v. 27, n. 5, p. 773–788, 2019. DOI: 10.3724/SP.J.1042.2019.00773.
