En los últimos años, la expansión de las formas de comunicación, impulsada principalmente por los avances tecnológicos, es casi palpable. Nunca antes habíamos tenido tantas plataformas, redes sociales, aplicaciones y dispositivos móviles que facilitan la comunicación entre personas en cualquier parte del mundo. Sin embargo, parece que cuanto más conectados estamos, más solos nos sentimos.
Esta soledad que muchos reportan es una percepción subjetiva de que algo falta en las relaciones sociales y ha impactado profundamente la salud mental e incluso física de muchas personas. Actualmente se reconoce como un problema de salud pública1.
Un Fenómeno Biopsicosocial
Primero, es importante entender que la soledad no significa aislamiento. Es posible estar rodeado de gente todo el tiempo y aun así sentirse solo. Los humanos somos seres biológicamente sociales, y nuestra evolución histórica está asociada a la supervivencia en grupos. En su libro *Soledad: La naturaleza humana y la necesidad de conexión social*, John Cacioppo y William Patrick describen cómo, al igual que el dolor físico, la soledad activa los mecanismos de alerta del cuerpo, señalando un problema de conexión social2.
Además, la soledad también se asocia con mayores niveles de estrés, ansiedad y depresión. Por lo tanto, la necesidad de conexión se considera no solo psicológica, sino también biológica.
Modernidad y la fragilidad de los vínculos
Influenciadas por las transformaciones sociales de las últimas décadas, las relaciones humanas han cambiado. Según el sociólogo Zygmunt Bauman, vivimos un período de fluidez en las relaciones, con vínculos inestables y dificultad para establecer compromisos más duraderos. Bauman denomina a este período modernidad líquida3.
Vivimos en un contexto de relaciones superficiales y desechables, donde la flexibilidad importa más que la profundidad. Al mismo tiempo, valoramos la autonomía y la independencia, que, a pesar de traer beneficios, impactan negativamente la disposición de las personas a invertir y esforzarse por desarrollar vínculos que requieren más tiempo y la capacidad de tolerar la frustración3.
Esto se refleja en la disminución del capital social, algo que el politólogo estadounidense Robert Putnam observó al analizar cómo las personas han dejado de participar en actividades en sus comunidades. Las redes sociales presenciales están perdiendo fuerza, lo que contribuye a una mayor sensación de soledad4.
El papel de las tecnologías digitales
¿Cuántas redes sociales y aplicaciones de comunicación por texto tienes en tu smartphone hoy en día? Hablamos habitualmente con amigos, familiares e incluso desconocidos en diversas plataformas sociales. Pero, independientemente de cuántos medios de comunicación tengamos, ¿cuántos de estos vínculos son profundos y duraderos?
Las tecnologías generan una falsa sensación de compañerismo, sin intimidad real. Cuando escribimos detrás de una pantalla, no necesitamos exponernos emocionalmente. Sin embargo, también limitamos la profundidad de las relaciones5.
En el entorno digital, también experimentamos aspectos negativos, como la comparación, que puede generar sentimientos de incompetencia y exclusión, contribuyendo así a la soledad.
Calidad vs. Cantidad
¿Cuántas veces nos hemos encontrado valorando la cantidad de amigos que tenemos, pero sin analizar la calidad real de estas relaciones? ¿Cuántos de estos "amigos" nos conocen realmente? ¿Con cuántos tenemos una conexión real?
Las redes sociales contribuyen en gran medida a la cantidad de conexiones, pero no al desarrollo y mantenimiento de relaciones profundas y significativas. En su artículo Neocortex size as a constraint on group size in primates, el antropólogo británico Robin Dunbar propone la Teoría del Número, que afirma que existe un límite cognitivo al número de relaciones que una persona puede mantener. Según Dunbar, ese número es 150. Sin embargo, señala que solo una parte de estas relaciones corresponden a vínculos profundos6.
Por lo tanto, es posible conectar con cientos de personas y aun así sentirse solo.
El ciclo de la soledad
Las personas que se sienten solas tienden a ser más sensibles a los sentimientos de rechazo y a las interpretaciones negativas de las interacciones sociales. Esto puede resultar en un mayor aislamiento. En otras palabras, la soledad genera más soledad, en un ciclo causado por la propia persona.
Además, este comportamiento puede impedir que la persona forme nuevas conexiones, lo que refuerza el sentimiento de soledad. La repetición de este ciclo puede resultar en el debilitamiento de las habilidades sociales. Además, las redes sociales también pueden potenciar el ciclo, ya que los vínculos y conexiones más superficiales requieren menos exposición e implicación.
Conclusión
En resumen, con todo lo mencionado, resulta más fácil comprender por qué la soledad moderna es tan compleja. No es solo el resultado del desarrollo tecnológico, sino también de la interacción entre factores biológicos, psicológicos y sociales.
Por mucho que si bien comunicarse con los demás se ha vuelto más fácil, la cantidad dista mucho de reflejar la calidad de las conexiones sociales, tan importantes para los seres humanos. Además, el énfasis en la autosuficiencia, la independencia y el individualismo también influye negativamente.
Por lo tanto, necesitamos detenernos y repensar cómo interactuamos con los demás en la sociedad contemporánea, que valora tanto la cantidad en todos los aspectos de la vida diaria. Necesitamos invertir en la calidad de nuestras relaciones; un grupo pequeño de amigos con conexiones reales es mucho más valioso que muchos "conocidos".
Finalmente, para construir conexiones profundas y duraderas, es importante invertir en espacios de encuentro, fortalecer las relaciones y comprender que, para combatir la soledad moderna, debemos valorar la interdependencia.
1 – WORLD HEALTH ORGANIZATION. Social isolation and loneliness among older people: advocacy brief. Geneva: WHO, 2021.
2 – CACIOPPO, John T.; PATRICK, William. Solidão: a natureza humana e a necessidade de conexão social. Rio de Janeiro: Record, 2008.
3 – BAUMAN, Zygmunt. Modernidade líquida. Rio de Janeiro: Zahar, 2001.
4 – PUTNAM, Robert D. Bowling alone: the collapse and revival of American community. New York: Simon & Schuster, 2000.
5 – TURKLE, Sherry. Alone together: why we expect more from technology and less from each other. New York: Basic Books, 2011.
6 – DUNBAR, Robin. Neocortex size as a constraint on group size in primates. Journal of Human Evolution, v. 22, n. 6, p. 469–493, 1992.
