Resiliencia: Qué sucede en el cerebro cuando superamos desafíos

Todos hemos pasado por momentos difíciles, porque la adversidad es parte de la vida. Y quizás en uno de esos momentos alguien te dijo que la vida no se trata de lo que otros te hacen, sino de lo que haces con lo que otros te hacen. Porque mientras algunos se rinden, otros eligen aprender y seguir adelante. Estas personas desarrollan resiliencia.

¿Qué es la resiliencia?

Esta capacidad de avanzar, aprender y crecer ante la adversidad es biológica; es un proceso que ocurre en el cerebro y se moldea a través de nuestras experiencias, relaciones y nuestra historia1.

En otras palabras, la resiliencia se ve influenciada por factores biológicos, psicológicos y sociales. Implica diversas habilidades, desde la evaluación de riesgos hasta la reinterpretación de los acontecimientos. Esto significa que es un proceso dinámico que se puede aprender, entrenar y transformar a lo largo de la vida1,2.

Adversidad: Cómo se comporta el cerebro

Cuando el cerebro percibe una señal de peligro, lo primero que hace es activar la amígdala, que aumenta el estado de alerta y también es responsable de la respuesta de "lucha o huida". 

A continuación, entra en juego el eje HPA (eje hipotálamo-hipofisario-adrenal), liberando cortisol, responsable de mantener los niveles de energía para la acción, ya sea de lucha o huida3.

Otra región esencial es la corteza prefrontal, responsable de regular las emociones, la toma de decisiones, la planificación y la autorregulación. En situaciones de estrés crónico, esta región se debilita y la amígdala se vuelve hiperactiva. Por lo tanto, las respuestas emocionales pueden volverse desproporcionadas e impulsivas3.

Aprendiendo de la Adversidad

La resiliencia surge cuando el cerebro aprende de la adversidad. La clave de este aprendizaje reside en la neuroplasticidad, que es simplemente la capacidad del cerebro para reorganizarse, formando nuevas conexiones y vías neuronales.

Imagina que estás aprendiendo a hornear un pastel por primera vez. Agregas demasiada harina y queda seco y un poco duro. Luego, la siguiente vez, mides los ingredientes con mayor precisión y el pastel queda suave, pero lo dejas en el horno demasiado tiempo y se hornea demasiado. La tercera vez, mides los ingredientes correctamente y cronometras el horneado correctamente. Resultado: un pastel suave, bien horneado y delicioso.

Al exponerse a dosis manejables de desafíos y dificultades, el cerebro aprende: la amígdala no se vuelve demasiado sensible y el sistema de regulación emocional se fortalece. El cerebro aprende a interpretar y procesar estas situaciones4.

El rol del entorno

Si bien la biología es fundamental en el desarrollo de la resiliencia, el entorno en el que nos encontramos también desempeña un papel importante. Los entornos que transmiten seguridad y relaciones de apoyo pueden contribuir a este proceso. El apoyo y los vínculos estables crean oportunidades para este camino5.

Desarrollando la Resiliencia a través de la Regulación Emocional

La regulación emocional también juega un papel importante en el desarrollo de la resiliencia. A través de ella, podemos practicar la reevaluación cognitiva, que nos permite reinterpretar una experiencia desde una nueva perspectiva6

Esto también permite fortalecer la comunicación entre la corteza prefrontal y la amígdala, lo que ayuda a reducir las respuestas emocionales exacerbadas. En otras palabras, la reevaluación cognitiva ayuda a modificar la respuesta biológica6.

Además, saber reconocer, nombrar y hablar sobre lo que sentimos contribuye significativamente. Los estudios indican que cuando hablamos de emociones, ya sea en terapia, en conversaciones con amigos o incluso por escrito, esto genera una disminución de la actividad de la amígdala y un aumento de la actividad de la corteza prefrontal, lo que, a su vez, influye en nuestra respuesta a la adversidad y contribuye al desarrollo de la resiliencia7.

Conclusión

Con toda la información del texto, resulta más fácil comprender que la resiliencia no tiene nada que ver con la personalidad, ni siquiera con la falta de fuerza de voluntad. Es algo que debemos dedicarnos a construir, desarrollar y utilizar a lo largo de la vida.

Esto se debe a que nuestra historia de vida es fundamental para el proceso. Y al igual que los músculos que entrenamos en el gimnasio, la resiliencia necesita practicarse para hacerse evidente.

1 – Resilience. American Psychological Association. Disponible en https://www.apa.org/topics/resilience. Acesso em 09 dez 2025.

2 – S. M. Southwick, D. S. Charney. Resilience: The Science of Mastering Life’s Greatest Challenges. Cambridge Univ. Press, New York, 2012.

3 – MCEWEN, B. S. Physiology and neurobiology of stress and adaptation: central role of the brain. Physiol Rev. 2007 Jul;87(3):873-904. doi: 10.1152/physrev.00041.2006.

4 – KOLB, Bryan; GIBB, Robbin. Principles of neuroplasticity and behavior. In: STUSS, Donald T.; WINOCUR, Gordon; ROBERTSON, Ian H. (org.). Cognitive Neurorehabilitation: Evidence and Application. 2. ed. Cambridge: Cambridge University Press, 2014. p. 25-43.

5 – YEHUDA, Rachel; FLORY, Janine D. PTSD, resilience and vulnerability. Current Psychiatry Reports, v. 9, n. 5, p. 316–324, 2007.

6 – OCHSNER, Kevin N.; GROSS, James J. The cognitive control of emotion. Trends in Cognitive Sciences, v. 9, n. 5, p. 242–249, 2005.

7 – LIEBERMAN, Matthew D. et al. Putting feelings into words: affect labeling disrupts amygdala activity to affective stimuli. Psychological Science, v. 18, n. 5, p. 421–428, 2007.

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