¿Te has preguntado alguna vez por qué nos sentimos tan bien cuando nos sentimos útiles, por ejemplo, al ayudar a alguien? ¿O por qué, al sentirnos inútiles en una situación, este sentimiento genera sufrimiento?
Aunque parezca mentira, sentirse útil no es solo una construcción cultural. Es mucho más que eso: está vinculado a nuestra identidad, a nuestro sentido de pertenencia, e involucra sistemas neurobiológicos.
Lo cierto es que cuando nos sentimos útiles, el cerebro responde activando el sistema de recompensa, regulando los niveles de estrés y reforzando nuestra identidad social. Este último aspecto está asociado a la evolución humana, ya que, durante gran parte de nuestra historia, la supervivencia se ha vinculado a la capacidad de contribuir al grupo.
¿Por qué necesitamos sentirnos útiles?
Según la Teoría de la Autodeterminación¹, de Edward Deci y Richard Ryan, los seres humanos tenemos tres necesidades psicológicas básicas:
- Autonomía¹;
- Competencia¹;
- Pertenencia¹.
En este contexto, sentirse útil refuerza la idea de que somos competentes y relevantes para el grupo. En otras palabras, satisface dos de las tres necesidades básicas: competencia y pertenencia.
Además, es importante recordar que, a lo largo de la evolución, los humanos nos hemos consolidado como una especie profundamente cooperativa.
Dado que somos seres sociales por naturaleza, la exclusión del grupo activa áreas del cerebro similares a las que se activan con el dolor físico. En el artículo Why rejection hurts: A common neural alarm system for physical and social pain, Naomi Eisenberger y Matthew Lieberman demostraron que el rechazo social activa la corteza cingulada anterior y la ínsula anterior, regiones también asociadas con el dolor físico².
Por lo tanto, si la exclusión causa dolor, podemos entender que sentirse útil e integrado en el grupo funciona como una forma de protección contra este dolor social.
Activación de los circuitos de recompensa
Como se mencionó anteriormente, cuando nos sentimos útiles, el cerebro responde activando los circuitos de recompensa. Una de las formas más comunes en que experimentamos este sentimiento es a través de conductas prosociales, como las donaciones.
En el estudio Human fronto-mesolimbic networks guide decisions about charitable donation, el neurocientífico brasileño Jorge Moll utilizó pruebas de neuroimagen para demostrar que, al donar, activamos el área tegmental ventral, el núcleo accumbens y la corteza prefrontal medial. Estas mismas regiones también se activan cuando recibimos recompensas monetarias³.
Por lo tanto, podemos entender que el cerebro "recompensa" la contribución. Cuando somos útiles, se activan circuitos asociados con la dopamina, lo que refuerza la motivación para repetir la conducta.
Identidad y significado
No es nuevo que los seres humanos necesitemos significado e identidad. Cuando contribuimos, accedemos a una de las principales fuentes de significado.
En su libro El hombre en busca de sentido, el psiquiatra y neurólogo austriaco Viktor Frankl argumenta que somos capaces de soportar diversas situaciones, incluido el sufrimiento extremo, cuando encontramos un propósito, un "por qué" que sustenta la experiencia⁴.
En este sentido, cuando nos sentimos útiles, fortalecemos nuestra percepción interna de valor personal. No se trata solo de hacer algo, sino de darnos cuenta de que nuestra existencia tiene un impacto.
Utilidad: estrés y salud mental
Cuando nos sentimos útiles, esta experiencia no es solo momentánea. Puede generar beneficios duraderos, contribuyendo a la reducción de los niveles de estrés y al fomento de la salud mental.
La neurocientífica estadounidense Patricia Boyle demostró en su investigación que la sensación de tener un propósito se asocia con un menor riesgo de deterioro cognitivo y una menor mortalidad a lo largo del tiempo⁵.
De igual manera, la psicóloga ruso-estadounidense Sonja Lyubomirsky demostró que las conductas prosociales, como contribuir y ayudar, impactan positivamente en los niveles de bienestar y, cuando se practican de forma constante, pueden reducir los síntomas depresivos⁶.
Además de la activación de los circuitos de recompensa, que implican la liberación de dopamina, sentirse útil también se asocia con la liberación de oxitocina, una hormona vinculada a la conexión social y las conductas prosociales. Estudios recientes indican que la oxitocina desempeña un papel relevante en la motivación social y la sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno⁷.
Así, la utilidad no solo genera placer inmediato, sino que también regula las emociones, fortalece vínculos y contribuye a una sensación de seguridad social.
Utilidad y productividad no son lo mismo
Si bien es común asociar utilidad con productividad, es esencial distinguir estos conceptos. La productividad se relaciona con el rendimiento y la obtención de resultados. La utilidad, por otro lado, se vincula con el impacto relacional y la percepción de relevancia social.
Si la utilidad fuera solo productividad, los segmentos de la población que no están en el mercado laboral serían incapaces de ser útiles. Sin embargo, esto no se corresponde con la realidad. La respuesta del cerebro se asocia más con la percepción de impacto y pertenencia que exclusivamente con el rendimiento.
La percepción de utilidad va más allá de una respuesta química. Es también una construcción simbólica que depende de la historia individual, la relación entre biología y cultura, y cómo cada persona interpreta su propia contribución.
Quizás, por lo tanto, no necesitemos producir más para sentirnos mejor. Quizás necesitemos reconectar con espacios donde nuestra presencia tenga significado.
1 – DECI, Edward L.; RYAN, Richard M. The “what” and “why” of goal pursuits: human needs and the self-determination of behavior. Psychological Inquiry, v. 11, n. 4, p. 227–268, 2000.
2 – EISENBERGER, Naomi I.; LIEBERMAN, Matthew D. Why rejection hurts: a common neural alarm system for physical and social pain. Trends in Cognitive Sciences, v. 8, n. 7, p. 294–300, 2004.
3 – MOLL, Jorge et al. Human fronto–mesolimbic networks guide decisions about charitable donation. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, v. 103, n. 42, p. 15623–15628, 2006.
4 – FRANKL, Viktor E. Em busca de sentido: um psicólogo no campo de concentração. Petrópolis: Vozes, 2008.
5 – BOYLE, Patricia A. et al. Purpose in life is associated with mortality among community-dwelling older persons. Psychosomatic Medicine, Philadelphia, v. 71, n. 5, p. 574–579, 2009.
6 – LYUBOMIRSKY, Sonja. The how of happiness: a scientific approach to getting the life you want. New York: Penguin Press, 2007.
7 – KUCEROVA, Barbora; LEVIT-BINNUN, Nava; GORDON, Ilanit; GOLLAND, Yulia. From Oxytocin to Compassion: The Saliency of Distress. Biology, Basel, v. 12, n. 2, p. 183, Jan. 2023. DOI: 10.3390/biology12020183
