La prisa como síntoma psicológico

¿Has notado que en el mundo frenético y en constante cambio de hoy, la prisa se ha convertido en una constante? Siempre tenemos prisa por ir, por llegar, por conquistar. Todo es para ayer, porque hoy ya es tarde. 

La constante evolución y la digitalización han traído consigo la sensación de que todo tiene que ser rápido, que los cambios son instantáneos y que nadie parece tener tiempo para nada. Y si no vives con prisa, sin duda vives mal. Pero ¿es eso realmente cierto? ¿La prisa proviene solo del mundo exterior o esta urgencia también viene de dentro? Y, a menudo, es algo difícil de explicar.

La prisa que viene de dentro

Sería fácil señalar la prisa como una presión externa, ya que vivimos en un mundo que valora el rendimiento y la proactividad. Sin embargo, estos factores influyen en el diálogo interno, en el que el individuo se exige constantemente más. Y cuando parece que nunca hacemos lo suficiente, esta urgencia se convierte en nuestra forma de funcionar1,2

Mas vai além disso. Cada pessoa tem uma relação diferente com o tempo, condicionada por suas emoções, sua história, suas angústias e pela forma como lida com o que sente. Assim, diminuir o ritmo — ou até parar — pode ser muito difícil. Isso porque a pausa e o silêncio fazem o olhar se voltar para dentro. Diante desse contexto, Freud explica que a pressa pode surgir como uma defesa, como uma maneira de evitar lidar com conflitos internos, uma verdadeira fuga³.

En este sentido, el psicoanalista francés Jacques Lacan señala que lidiamos con un tiempo que no es cronológico, que no se puede medir con el reloj, sino que es un tiempo subjetivo. Es un tiempo necesario para comprender y dar sentido. Así, la prisa surge cuando este tiempo se interrumpe, como un cortocircuito, generando precipitación y anticipación de conclusiones que nos hacen saltar al siguiente punto sin completar el proceso

La prisa como forma de vida

Sin embargo, no completar el proceso ni dar sentido a las experiencias no hace que desaparezca aquello con lo que lidiamos. Todo lo contrario: permanece latente y tiende a resurgir, manifestándose en otro momento. En este escenario, la prisa puede ser simplemente una forma de desplazar el conflicto, que luego regresa como angustia, inquietud o incluso como la sensación de que falta algo.

Así, llegamos a una paradoja: vivir con prisa no nos lleva a ninguna parte. Nunca tenemos tiempo suficiente, nunca somos suficientes, nunca encajamos. Siempre necesitamos ser más y hacer más. Y la sensación de estar atrasado se vuelve permanente. Cuando la presión se convierte en una exigencia interna, también se convierte en una forma de vida

Es evidente que el mundo exterior presenta exigencias reales, con plazos cortos y la necesidad de respuestas rápidas. En otras palabras, no toda prisa es patológica. El punto central no es la prisa en sí, sino la dificultad de reducir el ritmo. ¿Qué hace que detenerse sea tan difícil? ¿Qué se está evitando?

Conclusión

En muchos casos, la prisa puede funcionar como una forma de evitar encontrarse con lo que hay dentro. La prisa se utiliza para mantener los conflictos, sentimientos y dudas internos en un segundo plano.

Ante esto, es posible comprender la prisa como un síntoma psíquico. Al reflexionar sobre cómo surge y qué sustenta este funcionamiento, se abre el espacio para una relación diferente con el tiempo: ya no como algo que superar, sino como algo que vivir.

Porque, al final, no se trata solo de la urgencia de llegar. A menudo se trata de la dificultad de detenerse. Y, cuando eso sucede, vale la pena preguntarse: ¿por qué tengo prisa?

1 – HAN, Byung-Chul. Sociedade do cansaço. Tradução de Enio Paulo Giachini. Petrópolis: Vozes, 2017.

2 – SILVA, Gabriela. Como a pressa afeta a saúde mental. Psicólogos Berrini. Disponible: https://www.psicologosberrini.com.br/blog/pressa-e-saude-mental/. Acesso em 17 fev 2026.

3 – FREUD, Sigmund. Inibições, sintomas e ansiedade (1926). In: ______. Edição standard brasileira das obras psicológicas completas de Sigmund Freud. Rio de Janeiro: Imago, 1996.

4 – LACAN, Jacques. O tempo lógico e a asserção de certeza antecipada (1945). In: ______. Escritos. Rio de Janeiro: Jorge Zahar, 1998.

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