Imagina que estás durmiendo y, en mitad de la noche, te despierta un ruido que suena mucho a alguien fuera de tu casa. Mientras intentas identificar lo que oyes, tu corazón se acelera, tu respiración cambia y tus músculos se tensan.
A menudo, estos cambios ocurren sin que tengas que pensar conscientemente en ellos. Son respuestas de tu cuerpo.
Estos cambios se producen porque nuestras emociones, en este caso el miedo, no son solo psicológicas. Las emociones implican una compleja interacción entre el cerebro, los sistemas nervioso e inmunitario y otros procesos fisiológicos.
Las emociones son fundamentales para la supervivencia, ya que ayudan a preparar el cuerpo para la situación que se avecina, y esto ha sido así desde los albores de la evolución. Sin embargo, a pesar de su importancia, cuando las respuestas del cuerpo se vuelven frecuentes, intensas o prolongadas, pueden afectar nuestra salud física.
El cuerpo necesita adaptarse y también recuperarse
Nuestro cuerpo busca constantemente adaptarse al entorno, ante las innumerables situaciones que podemos encontrar. Situaciones como problemas financieros, preocupaciones por los hijos, conflictos laborales y exceso de trabajo pueden generar la sensación de que necesitamos activar repetidamente la respuesta al estrés.
En este escenario, surge lo que los investigadores denominan carga alostática, definida como un costo fisiológico acumulado para el organismo que se adapta constantemente a las demandas. Esto ocurre precisamente porque el cuerpo, además de adaptarse, lo hace sin poder recuperarse1.
Por supuesto, no todas las demandas generarán un costo para nuestra salud. Esto dependerá de la frecuencia, la duración y la intensidad, así como de las características personales y los recursos que tengamos para afrontar la situación2.
Cuando las emociones llegan al cuerpo
¿Has notado que cuando estás bajo una mayor carga de estrés o sobrecargado emocionalmente, terminas durmiendo mal? ¿Cambia tu alimentación? ¿Dejas de hacer ejercicio?
Esta es la vía conductual a través de la cual las emociones llegan al cuerpo.
Podemos pensar em dois caminhos para a relação das emoções com a saúde física: um é o comportamental, e o outro é o fisiológico. Nesse segundo, os estados emocionais são capazes de influenciar o sistema nervoso autônomo e também mecanismos hormonais que têm relação com a resposta ao estresse1.
Cabe destacar que los efectos del estrés en el cuerpo no se deben únicamente a la liberación de cortisol, sino también a la interacción entre los procesos psicológicos, las respuestas biológicas y el comportamiento1.
Esta relación es bidireccional, ya que lo que sentimos afecta el funcionamiento del cuerpo, y el estado de nuestro organismo influye en lo que sentimos.
El papel del sistema cardiovascular, el sistema digestivo y el sueño
Seguramente has oído a alguien decir que tuvo un problema cardiovascular como consecuencia de un alto nivel de estrés.
Bajo estrés, el corazón y los vasos sanguíneos experimentan cambios para ayudar al cuerpo a responder a esta demanda. Cuando el estrés se vuelve recurrente o incluso crónico, la repetición de las respuestas puede estar relacionada con cambios vasculares, inmunológicos y metabólicos vinculados al riesgo cardiovascular3.
Actualmente, se investiga mucho sobre el intestino y su relación con las emociones y los cambios en la salud física. Sabemos que las situaciones emocionalmente estresantes pueden afectar el sistema digestivo, causando náuseas, malestar y cambios en el tránsito intestinal, así como una sensación de "mariposas en el estómago".
Como se mencionó anteriormente, el sueño también se ve afectado por nuestras emociones. Muchas personas tienen dificultad para conciliar el sueño o para mantenerlo. Además, una mala noche de sueño puede afectar la regulación emocional y dificultar el manejo del estrés al día siguiente.
Ahora es más fácil ver que, contrariamente a lo que se creyó durante mucho tiempo, las emociones y el cuerpo son sistemas interconectados.
Entonces, ¿las emociones causan enfermedades?
No directamente.
No todos los dolores de estómago se originan en un conflicto emocional oculto. Del mismo modo, no todos los dolores de cabeza son causados por el estrés. No podemos reducir todas las enfermedades físicas a un origen emocional, a una falta de equilibrio emocional. Eso sería demasiado simplista, cuando la relación es más compleja.
Los estados emocionales pueden agravar los síntomas, contribuir a ciertos procesos fisiológicos o influir en comportamientos relacionados con la salud. Sin embargo, rara vez son, por sí solos, la causa de una enfermedad.
Existen otros factores, como la genética, nuestros hábitos, el entorno en el que nos desenvolvemos y las condiciones sociales, que también influyen en este proceso.
Siempre debemos tener presente que la dimensión psicológica forma parte de la biología humana.
La solución no reside en eliminar las emociones difíciles
Cuando comprendemos que las emociones pueden influir en el cuerpo, es fácil concluir que necesitamos eliminar o evitar las emociones difíciles.
Las emociones, ya sean la felicidad o las más difíciles como el miedo, la ira, la ansiedad y la tristeza, cumplen una función. Son parte de la experiencia humana. Por lo tanto, la solución no es eliminar las emociones, sino permitir que el cuerpo se recupere. Porque el problema radica precisamente en hacer que el cuerpo reaccione constantemente.
Cabe destacar que cuidar la salud mental no se trata solo de pensar positivamente. Cuidar la salud mental incluye dormir bien, practicar actividad física con regularidad, mantener una dieta equilibrada y disfrutar de momentos con familiares y amigos. También implica establecer límites, reconocer situaciones que puedan generar un estrés emocional excesivo y saber cuándo pedir ayuda.
Finalmente, es importante recordar que el cuerpo y la mente se comunican constantemente.
1 – O’CONNOR, Daryl B.; THAYER, Julian F.; VEDHARA, Kavita. Stress and health: a review of psychobiological processes. Annual Review of Psychology, v. 72, p. 663–688, 2021. DOI: 10.1146/annurev-psych-062520-122331.
2 – SCHNEIDERMAN, Neil; IRONSON, Gail; SIEGEL, Scott D. Stress and health: psychological, behavioral, and biological determinants. Annual Review of Clinical Psychology, v. 1, p. 607–628, 2005. DOI: 10.1146/annurev.clinpsy.1.102803.144141.
3 – VACCARINO, Viola; BREMNER, J. Douglas. Stress and cardiovascular disease: an update. Nature Reviews Cardiology, v. 21, p. 603–616, 2024. DOI: 10.1038/s41569-024-01024-y.
